21 de noviembre de 2014

Nuestro muro de Berlín



por Eduardo Labarca

El viejo Muro de Berlín ha vuelto a irrumpir en la política chilena. Como nuestra Presidenta y otros compatriotas encontraron refugio en la República Democrática Alemana, la RDA, detrás del Muro, y como el Partido Comunista forma parte de su gobierno, algunos lanzan a Michelle Bachelet la palabra "Muro" como arma arrojadiza. Roberto Ampuero, Carlos Peña, Alfredo Joignant, Ernesto Ottone, José Rodríguez Elizondo y otros espadachines han saltado al ruedo con argumentos varios, algunos tan pintorescos como el de José Ramón Valente quien
en El Líbero, refiriéndose a las normas laborales sobre la materia, sostiene que con "la nueva ley que regula el trabajo de las nanas... todos los chilenos terminaremos viviendo detrás del muro".

Las caricaturas abundan. Los chilenos que vivieron tras el Muro y mantienen silencio son tildados de “cómplices” de un régimen “criminal”. Quienes habiendo estado en la RDA despotrican contra el “muro de la vergüenza” son tratados de “tránsfugas” y “traidores”. A todos les cae el remoquete de “oportunistas”: unos por “haberse vendido al capitalismo”… otros por “haberse vendido a una dictadura comunista”.

En el debate, como que faltara una mirada más amplia, más contexto histórico. En el siglo XX, el de todos los horrores, Alemania inició la segunda guerra mundial, la peor catástrofe planetaria de todos los tiempos: ¡entre 40 y 70 millones de seres humanos bombardeados, gaseados, aplastados, destrozados, quemados, acribillados, matados de hambre y de frío! Treinta millones más o 30 millones menos, según cómo se cuente: un pequeño “detalle”. Un país atacado que ya no existe, la Unión Soviética, la URSS, cargó con la mayor cuota de víctimas: 20 millones, según sus cifras. Las tropas soviéticas “liberaron” –así se decía– Berlín y la parte oriental de Alemania. Por acuerdo entre los “Cuatro Grandes”, se consumó la partición de Berlín y de Alemania en cuatro zonas de ocupación: soviética, estadounidense, británica, francesa. Arrasada, la antigua Alemania belicista había dejado de existir. En mayo de 1949, EE.UU, Gran Bretaña y Francia fusionaron sus zonas y nació la República Federal de Alemania, RFA, la Alemania occidental capitalista. Cinco meses más tarde, en el sector soviético se fundó la República Democrática Alemana, RDA, la Alemania oriental socialista. Berlín, anclado en el corazón de la RDA, fue dividido en dos Berlines: el Occidental, capitalista, rodeado por la RDA; el Oriental, socialista, capital de la RDA. La guerra fría hizo el resto.


Todas las revoluciones del siglo XX fueron hijas de la mística. Cercadas y agredidas, se defendieron, triunfaron o fueron derrotadas, vivieron una épica. Así fue con la Revolución Rusa –atacada por 14 potencias–, la Mexicana, la China, la Vietnamita, la Cubana, la efímera Revolución Chilena… Lo mismo sucedió en las luchas de independencia de las colonias de Asia, África, el Medio Oriente… La RDA no fue hija de un levantamiento revolucionario ni de la mística, sino de la derrota y aplastamiento armado del nazismo, y geográficamente le tocó estar en el campo socialista encabezado por la URSS. Al término de la guerra Winston Churchill proclamó que existía una Cortina de Hierro y la geopolítica se impuso. No solo Alemania quedó dividida. Europa quedó dividida, el mundo quedó dividido. Los habitantes de ese mundo bipolar tendíamos a mirar la realidad con un solo ojo –el derecho o el izquierdo– según a qué lado de la Cortina de Hierro estuviéramos situados física o mentalmente.

En el gobierno de la RDA fueron instalados los líderes sobrevivientes del Partido Comunista alemán, partido digno y combativo, que Hitler casi había borrado del mapa. La RDA nació también con el síndrome del cerco y el acoso, y sus dirigentes, como Erich Honecker, cuyos restos yacen en suelo chileno, se abocaron con eficiencia alemana a crear una nueva Alemania antifacista que debía ser invulnerable ante los enemigos internos y externos. Para lograrlo había que blindar las fronteras, impedir el “contrabando ideológico del enemigo”, bloquear toda ilusión de emigración de los “osis” –ciudadanos germano-orientales– hacia el campo de enfrente. Berlín Occidental era un “cáncer capitalista” enquistado en el corazón de la Alemania socialista: de ahí el Muro.

Los gobernantes de la RDA realizaban una agitación ideológica permanente contra el pasado nazi de Alemania y a favor del socialismo. Esa labor era muy intensa y cuando el 11 de septiembre de 1973 llegó de Chile la noticia de lo que estaba pasando, las calles de Berlín Oriental, de Leipzig, de Rostock y otras ciudades de la RDA fueron inundadas por cientos de miles de personas de todas las condiciones, jóvenes y ancianos, niños, hombres, mujeres que se volcaron espontáneamente a protestar por la muerte del presidente Allende y el golpe militar. La reacción de su propio pueblo sorprendió a los gobernantes y al Partido, que vieron en ello el fruto de la educación socialista y la prédica antifascista que llevaban a cabo. Celebraron reuniones de emergencia y en pocas horas, el Partido, la Juventud, las organizaciones oficiales se pusieron a la cabeza de las protestas, asumieron su dirección. Como corolario, la RDA acogió a una gran cantidad de refugiados, facilitó el funcionamiento de los órganos del exilio chileno y se convirtió en motor importante de la solidaridad con los perseguidos de nuestro país. Carlos Contreras Labarca, embajador de Allende, quedó a la cabeza de Chile Antifascista, la flamante entidad instalada en el mismo edificio en que antes estaba la embajada. Las dos veces que viajé desde Moscú, donde residía, a reuniones del exilio en Berlín, fui recibido en el aeropuerto con cordialidad oficial. En mi tercer viaje, realizado en auto como simple turista pocas semanas antes de la caída del muro, recibí un trato agresivo y grosero de parte de los guardiafronteras de la RDA. La tensión estaba en el aire.

Cuando se dice que la RDA era una “cárcel”, que “todos” sus ciudadanos querían irse, se está exagerando, o por lo menos simplificando. El Muro duró 28 años, la RDA 41 y en ese tiempo pasaron muchas cosas. Sucedió que el capitalismo tiró a la RFA hacia arriba y que el socialismo impulsó a la RDA a paso mucho más lento. La agitación permanente, las constantes campañas publicitarias, la vigilancia de la omnipresente Stasi, los balazos en el Muro contra los fugitivos no lograron frenar las ansias de apertura y así, apenas Gorbachov soltó la rienda, el Muro fue desconstruido por los berlineses piedra a piedra. El Muro se había convertido en símbolo de la guerra fría y su caída fue recibida con alivio y alegría en todo un planeta que vivía bajo la amenaza de la guerra atómica.

Se afirma que los alemanes orientales añoraban el “mundo libre” y que en aras de ese ideal entregaron la vida los 125 ciudadanos que cayeron tratando de escapar. Contabilizar a las víctimas, comparar unas muertes con otras siempre tiene un lado perverso: entre un muerto y otro no es aceptable hacer diferencias, todos los muertos valen individualmente como seres humanos lo mismo. Pero durante mi generación que las ha visto todas, EE.UU. lanzó dos bombas atómicas sobre ciudades japonesas –yo tenía siete años y recuerdo hasta hoy el impacto terrorífico de la noticia– con un total de muertos superior a 150 mil personas, en su mayoría civiles, y con apoyo de sus aliados libró la guerra de Corea, donde se calcula que murieron cerca de un millón de coreanos y chinos y 40 mil norteamericanos, y la de Vietnam, donde las víctimas vietnamitas fueron más de un millón de soldados y más de dos millones de civiles y las estadounidenses sumaron cerca de 60 mil. Posteriormente EE.UU. ha exportado la guerra a Afganistán, Irak, y mantiene el campo de concentración de Guantánamo… En nuestro continente, en poco más de medio siglo las víctimas de la violencia en Colombia han superado el millón y en los seis años del anterior presidente de México murieron violentamente 200 mil personas, según dicen, y recientemente hemos visto lo que ha pasado… Y Chile … El terrible mundo libre…

En el campo contrario, con el correr del tiempo, los amaneceres revolucionarios fueron dando paso a sistemas autoritarios, burocráticos, a menudo caricaturescos, algunos terriblemente represores y crueles. El régimen de Stalin puso la lápida al humanismo socialista, con decenas de millones de muertos –se dan cifras contradictorias– como resultado de sucesivas oleadas represivas, deportaciones y trasldo de poblaciones, y de la colectivización forzada del agro. El engendro "revolucionario" de Pol Pot y los Jemeres Rojos de Cambodia llevará a cabo el escalofriante genocidio de unos dos millones de nacionales del propio país, un cuarto de la población. El terrible mundo de la revolución...


No hay dudas de que la caída del Muro fue ampliamente celebrada por los “osis”. Sin embargo, es sabido que la “reunificación” con la RFA fue vivida por muchos de ellos como una anexión, en la que pasaron a ser ciudadanos de segunda de la nueva Alemania. El chileno Manuel Guerrero, que a los 18 años terminaba sus estudios secundarios en una escuela de Berlín Oriental, ha evocado las emociones del día en que él y sus compañeros pasaron al otro lado. Pero hablando de los ciudadanos que cruzaban el muro en masa compacta, señala: “Una sorda desesperanza noté en ellos, no un entusiasmo revolucionario como soñaba Kant la experiencia moderna e ilustrada de la libertad y la autonomía… Algo había en el aire que los alemanes del Este notaban, algo que escapaba a su control. Un silencioso desencanto con todo, con lo propio y lo ajeno. Aún no desaparecía la RDA como país, pero ya se vivía el cambio, se observaba la canalización del proceso democratizador en otra cosa extraña que se jugaba no en la calle, en la plaza, en lo público, sino tras bambalinas de otra magnitud geopolítica”. Y recuerda: “A los años de ocurrido el 9 de Noviembre, mi amigo Thomas se suicidó. Su hermana también lo hizo. Y mi director del colegio también. Y varios más. No es que no celebraran la democracia, no es que quisieran regresar a lo que había…”

Los chilenos que vivieron en la RDA, así como los que fuimos recibidos "detrás de la Cortina de Hierro o de caña" en otros países socialistas de entonces, guardamos un agradecimiento profundo hacia quienes nos acogieron en momentos en que nuestro mundo se derrumbaba. Allí vivíamos en función de la situación chilena, dedicados a denunciar los crímenes de la dictadura y a bregar por el restablecimiento de la democracia en Chile. Recibíamos el apoyo del país que nos cobijaba, no nos metíamos en sus asuntos y mirábamos en derredor cautelosamente y, fieles a la época, tendíamos a hacerlo con un solo ojo. Nos topábamos, es cierto, con no pocos burócratas de doble moral, pero conocimos también a muchos compañeros sinceros y abnegados, movidos por el viejo idealismo bolchevique y la esperanza de alcanzar una sociedad justa y fraternal: éstos fueron y siguen siendo nuestros amigos a la distancia, algunos han fallecido y no los olvidamos.

A veces tenemos la sensación de que a pesar de que las experiencias de los países del socialismo real hayan fracasado y aunque esos experimentos de igualitarismo voluntarista se hayan corrompido e incluso hayan terminado aplastando a sus propios ciudadanos, algo se perdió, mucho se perdió con ese fracaso. Se perdió, al menos por más tiempo del que durarán nuestras vidas, la esperanza de habitar un planeta sin muros pero sin las exclusiones ni las injusticias extremas del “mundo libre”, el inhumano mundo globalizado en que nos hallamos sumidos.

Salvador Allende que estás en los cielos… líbranos de tus “defensores”


Publicado por Radio Bío Bío
22 de octubre de 2014


El libro de Eduardo Labarca ha generado polémica desde que saliera a la luz pública, por presentar aspectos desconocidos de la vida del Salvador Allende. Muchos de ellos eran desconocidos o sabidos sólo como rumores, adquiriendo peso al estar reunidos en un libro que presenta testimonios y antecedentes relatados por un testigo privilegiado.

A partir de una entrevista realizada por Tomás Mosciatti a Eduardo Labarca, comenzó a circular en redes sociales una declaración de Leonardo Fonseca Pedraza, Margarita Fonseca Pedraza y Eugenia Fonseca Pedraza contra el autor de la Biografía.


A continuación publicamos íntegramente la carta de los hermanos Fonseca Pedraza y la respuesta de Eduardo Labarca.

Declaración de los hermanos Fonseca Pedraza

El sábado 20 de septiembre se trasmitió en la cadena norteamericana CNN Chile, por parte de su funcionario  Sr Mociatti, una entrevista al Sr Eduardo Labarca, con motivo de su segundo libro sobre la vida de Salvador Allende. El Sr. Labarca  hace referencia a nuestra madre, Elena Pedraza, fallecida hace cinco años, señalando que ella le  habría relatado hechos privados acaecidos  hace más de 70 años y que ha utilizado para poner en el conocimiento público, afectando la memoria de Salvador Allende y su esposa, especialmente a los 41 años de su muerte en la Moneda.
Al respecto nosotros los hijos de Elena Pedraza debemos señalar:

1. Recientemente hemos tenido conocimiento de tal “entrevista” que se efectuó poco antes que ella falleciera a la edad de 98 años. Es decir, fue una conversación con una persona en condición casi terminal de su vida.

2. Lo que relató el Sr. Labarca, que habría dicho Elena Pedraza, nos parece absolutamente contrario a lo muy poco que ella tangencialmente nos habló sobre los acontecimientos cuando estaba menos afectada por los años. Señaló que Allende fue muy hombre y lucho fuertemente por recuperar al hijo de Tencha, el cual estaba bajo la custodia del padre biológico y su esposa, también personas magníficas.

3. Nos parece que el Sr. Labarca busca afanosamente publicidad en el mes de septiembre cuando conmemoramos la muerte heroica del Presidente. La derecha, por cierto, ha estado feliz con su aporte destinado denigrarlo en sus medios de comunicación.

4. El aprovechamiento personal de una conversación informal con nuestra madre, la cual a estas alturas no se puede defender, muestra la catadura moral del Sr Labarca.

5. El Sr Labarca, en la búsqueda de publicidad internacional, se permitió fotografiarse orinando sobre la tumba del gran escritor argentino José Luis Borges, enterrado en Suiza. Es lo mismo que cualquier pelafustán viniera a orinarse en la tumba de Pablo Neruda para lograr la publicidad que sus escritos no logran.

Leonardo Fonseca Pedraza, Margarita Fonseca Pedraza, Eugenia Fonseca Pedraza

RESPUESTA DE EDUARDO LABARCA

Salvador Allende que estás en los cielos…
líbranos de tus “defensores”


(respuesta a los hermanos Fonseca-Pedraza)

Por Eduardo Labarca

Autor del libro “Salvador Allende: Biografía sentimental”

Desde que apareció mi biografía de Salvador Allende hace 7 años y al publicarse recientemente la versión ampliada y definitiva, he recibido innumerables reacciones positivas así como algunas opiniones polémicas que respeto y valoro. Me complace que mi libro se haya convertido en referencia ineludible para los investigadores y creadores que abordan la vida de Salvador Allende en Chile y el mundo.

Mención aparte merecen algunos ataques furibundos que he recibido en la Internet y que no suelo contestar. Sin embargo, hoy me veo obligado a referirme a una insólita declaración de los hermanos Leonardo, Margarita y Eugenia Fonseca Pedraza, quienes no solo reiteran los ataques de anteriores detractores, sino que llegan al extremo de presentar una imagen desmedrada de su propia madre, Elena Pedraza, con tal de restar validez a mi libro, a lo que me referiré más adelante.

Los rasgos comunes de los ataques destemplados en mi contra, que también sobresalen en la declaración de los hermanos Fonseca-Pedraza, pueden resumirse así:

1) Mis detractores no han leído mi libro y me atacan ad hominem, es decir, como persona, adjudicándome toda clase de actos repudiables y lanzando en mi contra una batería de improperios con apoyo de informaciones de prensa o comentarios de oídas. En esa línea, los hermanos Fonseca-Pedraza se basan en una entrevista que me hizo el periodista Tomás Mosciatti para Radio Bío Bío y CNN Chile. Nadie que haya leído mi libro se ha sumado a ese coro de ataques.

2) Mis detractores afirman que con mi libro persigo fines de enriquecimiento, en circunstancias que quienes me conocen saben que no tengo ambiciones de dinero ni de riquezas materiales.

3) Me acusan de buscar publicidad. Los hermanos Fonseca-Pedraza dicen que lo hago “afanosamente”. En realidad cultivo un perfil bajo y mi presencia pasajera en los medios se ha centrado en mi libro como sucede con cualquier autor.

4) Pretenden que mi libro es parte de una conspiración contra la memoria de Allende. Los hermanos Fonseca-Pedraza sostienen que he elegido deliberadamente “el mes de septiembre cuando conmemoramos la muerte heroica del Presidente” para “denigrarlo” y así hacerle el juego a la derecha. Mi libro solo le hace juego a la verdad y a la figura sobresaliente de Salvador Allende. Además, se ha vendido todos los meses del año y el original de la actual edición está fechado en el pasado mes de marzo.

5) Atribuyen carácter internacional a esa supuesta conspiración, para lo cual los hermanos Fonseca-Pedraza sostienen que la entrevista “se trasmitió en la cadena norteamericana CNN Chile, por parte de su funcionario Sr Mosciatti”. Estoy informado de que entre Radio Bío Bío y CNN Chile existe un convenio de colaboración periodística, en cuya virtud ambos medios mantienen sus líneas editoriales y sin vinculación económica. En ese marco Tomás Mosciatti realizó la entrevista, por lo que no es “funcionario de CNN”.

6) Me culpan de desprestigiar a Salvador Allende. Según los hermanos Fonseca-Pedraza, “denigro” al ex Presidente porque presento por primera vez al personaje más importante de la historia de Chile del siglo XX desde su nacimiento hasta su muerte trágica sin censura ni omisiones y con el enfoque abarcador –humano, político, afectivo– que caracteriza las grandes biografías desde los tiempos de Plutarco y sus Vidas paralelas sobre las figuras prominentes de Grecia y de Roma. Sólo así se puede comprender una época histórica y el papel desempeñado por sus protagonistas.

7) Me acusan de enlodar a Salvador Allende por abordar en su biografía no solo la singular relación que tenía con su esposa Hortensia Bussi sino también las relaciones que mantuvo paralelamente con destacadas mujeres de su tiempo. Los hermanos Fonseca-Pedraza, fieles a una moralina conservadora y visceralmente pechoña, quieren ocultar a toda costa, cuatro décadas después de su muerte, hechos que en vida de Allende eran ampliamente conocidos y que él mismo se complacía en exhibir.

8) Mi revelación de que Hortensia Bussi fue madre soltera como fruto de una relación anterior a su matrimonio con Allende y que entregó el hijo a su padre biológico y a la esposa de éste me ha hecho acreedor a ataques furibundos de un puñado de personas. La relación pasional de Hortensia Bussi, joven estudiante ilusionada, con un hombre casado constituye uno de los episodios más estremecedores de la vida de la futura primera dama debido a que los prejuicios de la época, el alejamiento de aquel padre y la negativa de Allende a aceptarla con su hijo la empujaron a entregarlo para siempre. La conducta de muchacha liberada y valiente de la joven Tencha en 1938 constituye para los hermanos Fonseca-Pedraza un pecado vergonzoso que es preciso seguir ocultando en el siglo XXI y consideran condenable que yo lo haya puesto “en conocimiento público”, pese a que se trata de hechos acaecidos hace más de 70 años relativos a personas que ya forman parte de la historia.

El autor y Elena Pedraza en junio de 2004
Fotógrafo: Leonardo Fonseca Pedraza


El testimonio de Elena Pedraza


Lo más chocante de la declaración de los hermanos Fonseca-Pedraza es su afán de desvirtuar las delaraciones que me formuló su madre, Elena Pedraza, único testigo entonces sobreviviente del momento en que Tencha hizo entrega de su hijo, para lo cual no vacilan en pretender que se hallaba en estado senil cuando habló conmigo, pues, dicen, la entrevista “se efectuó poco antes que ella falleciera a la edad de 98 años”. Añaden que “fue una conversación con una persona en condición casi terminal de su vida”.

En realidad tuve con Elena Pedraza, por quien yo sentía gran respeto y afecto, dos conversaciones de un par de horas cada una los días 18 y 20 de junio de 2004, cuatro años antes de su muerte, en las que tomé notas rigurosas que conservo hasta hoy. Fueron encuentros emocionantes, por momentos a ambos se nos apretaba la garganta. A diferencia de lo que en forma indigna pretenden sus hijos con el fin de falsear sus declaraciones, ella se hallaba en un estado físico y con una memoria y lucidez envidiables para su edad. Le dije que preparaba un libro, confió en mí y he sido respetuoso hacia ella y fiel a lo que hablamos. En esas conversaciones percibí que a la edad avanzada en que se encontraba quería desahogarse relatándome con todo detalle el episodio en que había intervenido más de 65 años antes. Respecto de Hortensia Bussi y los demás participantes en el drama solo tuvo palabras de encomio y comprensión.

Con el fin de disimular el aspecto pecaminoso de hechos que solo tienen ese carácter dentro de sus mentes retrógradas y para salvar según ese criterio el prestigio de Salvador Allende, los hermanos Fonseca-Pedraza se atreven a atribuir a su madre palabras que no puede haberles dicho porque se apartan de la realidad y de lo que me contó a mí. Sostienen que “cuando estaba menos afectada por los años” ella les habría dicho “tangencialmente” que “Allende fue muy hombre y luchó fuertemente por recuperar al hijo de Tencha el cual estaba bajo la custodia del padre biológico y su esposa, también personas magníficas”.

Sobre la base de diversos testimonios directos y no “tangenciales” que cito explícitamente, entre ellos el de la propia Elena Pedraza, en mi libro revelo que en cierto momento el padre biológico quiso arrebatar la tuición del hijo común a Tencha y que ella se defendió exitosamente en los tribunales, a pesar de lo cual posteriormente lo entregó. Allende jamás luchó por recuperar ese hijo; por el contrario, rechazó de forma “intransigente”, según decía Tencha y recuerdan los testigos de esa época, la incorporación de la criatura a la familia que formó con ella, lo que no quiere decir que no fuera “muy hombre”.

La filiación definitiva del hijo tuvo carácter irregular, ya que habiendo sido inscrito inicialmente como “hijo ilegítimo” de Hortensia Bussi según la legislación de entonces, con posterioridad fue inscrito por segunda vez en otro lugar de Chile como “hijo legítimo” del padre biológico y de su esposa, todo lo cual consta en los documentos del Registro Civil que tengo en mi poder y que mantengo en reserva por haberlo convenido así con el principal afectado, el hijo de Hortensia Bussi.

En cuanto a una referencia que los hermanos Fonseca-Pedraza hacen a la fotografía de la portada de uno de mis libros, todos los antecedentes del caso pueden consultarse en mi página web.