21 de julio de 2015

Vargas Llosa, Isabel Preysler y Alexis Tsipras




EL MOSTRADOR

por Eduardo Labarca


            La revista Hola detonó la bomba y el programa Corazón de la TV española se dio un banquete: a los 79 años, Mario Vargas Llosa, el de las grandes novelas, está de romance con Isabel Preysler, de 64, la de los grandes maridos. Ex esposa de Julio Iglesias, del Marqués de Griñón y del poderoso ministro de Finanzas Miguel Boyer, al que acompañó hasta su muerte, la aristócrata de sangre filipina y española lleva cuatro décadas acaparando portadas en las revistas de papel couché y como rostro de la marca de azulejos Porcelanosa, y ahora de su línea de cosméticos My Cream. Él, desde hace medio siglo subyuga a los lectores y a la crítica y ostenta un rosario de premios literarios, incluido nada menos que el Nobel, así como el birrete de miembro de la Real Academia Española de la Lengua.

Maravilla ver a Vargas Llosa lanzado en esta aventura otoñal con el entusiasmo de algunos personajes de sus novelas; y a ella, dar este paso con el talante de hermosa princesa que siempre ha exhibido. Bien por Mario, bien por Isabel, y que les vaya bonito. Bien por él, embelesado e incluso despeinado del brazo de la Preysler. Bien por el corazón rejuvenecido del escritor, por el arrojo con que inicia este romance a la edad en que muchos solo esperan la muerte. Bien por la locura adolescente del peruano, ese renacimiento en que un hombre se redescubre a sí mismo y redescubre un mundo luminoso, cuando el pecho, guiado por el amor y la pasión, se abre a los demás propicio a tolerar, comprender y perdonar.

            Bien si hubiese sido así, pues habríamos dado la bienvenida a un silencio recogido de su parte, a una sonrisa discreta o quizás a alguna reflexión o una página cargada de generosidad. Pero no. ¿Qué ha llevado a Mario Vargas Llosa a escribir en este trance de su vida uno de sus artículos más odiosos y violentos? ¿Acaso necesitaba demostrar o demostrarse que su palabra no había perdido el filo, que los brazos de Isabel Preysler, acogiéndolo, no habían ablandado su espíritu guerrero?

El tema escogido por Vargas Llosa ha sido Grecia, la Grecia arrinconada por el Eurogrupo, los bancos alemanes, el FMI, el Banco Mundial. Los griegos –salvo las castas que han estrujado el país desde su independencia en 1830– en la ruina. Grecia empujada en 2001 a adoptar el euro por Alemania y Francia en connivencia con los jefes de los partidos tradicionales del país –el de la Nueva Democracia y el Pasok pseudo socialista, a cuál más corrupto– mientras algunos visionarios de izquierda y economistas lúcidos advertían que la economía griega no resistiría dentro de una misma moneda con los países europeos más desarrollados. Y cuando al cabo de los años se extremaron la quiebra, la miseria, la desesperación, los suicidios, cuando el país no dio para más, los griegos volvieron su mirada a la izquierda, pusieron su esperanza en un nuevo partido, Syriza, y ungieron como primer ministro a Alexis Tsipras.

Ese Tsipras enfurece a nuestro Vargas Llosa a quien, en medio de su aventura romántica, le quedan tiempo y bilis para escribir su artículo El caballero Cipolla y el desvarío griego, en el que profiere sapos y culebras contra el joven líder, comparándolo con el hipnotizador del cuento de Thomas Mann. Recuerda Vargas Llosa que el caballero Cipolla, “hombre malvado, repelente y deforme pero dotado de una fuerza psíquica irresistible, enajena a todo su auditorio y lo obliga a humillarse y hundirse en el ridículo más espantoso”. Y pasa Vargas Llosa a la diatriba desbocada: “El espíritu del caballero Cipolla está transustanciado últimamente en el joven, apuesto y carismático primer ministro griego, Alexis Tsipras”. Así habla Vargas Llosa con palabras que parecen dichas por don Fermín Zavala, el empresario admirador del dictador Odría de su novela Conversación en La Catedral, muy diferentes a las de su hijo Santiago, Zavalita, más humano aunque menos exitoso que el padre. La descripción de Vargas Llosa que sigue, aunque bastante caricaturesca, no estaría del todo mal si no fuese el trampolín para una nueva andanada devastadora. Escribe:

“El líder de Syriza convenció a sus compatriotas de que los terribles males que aquejan a su país son obra de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional, empeñados en humillar a Grecia luego de destruirla económicamente, abrumándola de deudas y exigiéndole reformas monstruosas que salvarían a los bancos pero empobrecerían más aún a sus desamparados ciudadanos. También les hizo creer que, en vez de someterse a estos poderes malignos, si Syriza ganaba las elecciones iniciaría una política económica diametralmente opuesta a las de los Gobiernos anteriores, sirvientes de la plutocracia internacional: repondría a los burócratas despedidos, inyectaría fondos para dinamizar la economía y crear empleo y rompería todos los compromisos con los organismos financieros, dejando de pagar la deuda, a menos que los acreedores le concedieran una quita radical y admitieran que los pagos se hicieran sólo en función del crecimiento económico. Los griegos le creyeron, llevaron a Syriza al poder y ahora han confirmado su fe en la palabra del joven carismático dándole un respaldo contundente en el reciente referéndum.”

La “descripción” de Vargas Llosa continúa con las siguiente palabras: “Tsipras explicó a los griegos que el no le daría fuerzas para negociar con más éxito en Bruselas, y los griegos el 70% de los cuales no quiere que Grecia se retire del euro ni de Europale creyeron también y el 6l,8% de los electores votaron por el no.

En este lugar del relato reaparece tras un punto y seguido el Vargas Llosa tonante que dispara el siguiente, terrible dictamen:

Este resultado es pura y simplemente manicomial. La única manera de entenderlo es recurriendo a la sinrazón y poderes ocultos del caballero Cipolla.”
“Manicomial”… de manicomio. De locos es para Vargas Llosa que un país asfixiado y maltratado trate de sacudirse la lápida de las mega multinacionales, los mega bancos, las mega instituciones financieras, intente liberarse con dignidad aunque sea en parte del poder asfixiante del sistema de riqueza y pobreza polarizadas que impera hoy en la economía global. Vargas Llosa, que también ostenta la nacionalidad española (España tiene actualmente más de 5 millones de “parados”), llama en su condición de europeo a los griegos a poner término a “este espectáculo lastimoso” porque, dice, “la receta es una sola”, la que han seguido Portugal, España e Irlanda, a la que “más tarde o temprano, tendrá que resignarse a seguir el pueblo griego una vez que descubra que detrás de los magos y pitonisas a los que se ha rendido sólo había hambre de poder, mentiras y vacío”.

En el pasado, algunos escritores que han dejado huella imborrable en la literatura mundial abrazaron en la vida civil causas deleznables: Céline, como furibundo antisemita y colaborador de los nazis; Ezra Pound, dirigiendo mensajes radiales en inglés a favor de Mussolini; Jorge Luis Borges, entrevistándose con Pinochet y calificándolo de “bondadoso” el mismo día en que los agentes del dictador asesinaban en Washington a Orlando Letelier. A diferencia de ellos, Mario Vargas Llosa se ha pronunciado vigorosamente contra todos los dictadores, pero no vayan a pensar que por unas faldas de mujer iba a renunciar a su papel de fiscal despiadado de la dictadura global de este siglo XXI: la de los poderes financieros que controlan nuestras vidas.

Hoy, cuando habiendo ganado el plebiscito un Tsipras triunfante recoge cañuela en un viraje inesperado y entra en vereda ante los poderosos a cambio de concesiones mínimas, Vargas Llosa, satisfecho, podrá cambiarle el remoquete de “caballero Cipolla” por un apodo más amable.