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Mostrando entradas con la etiqueta Tronko. Mostrar todas las entradas
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6 de octubre de 2013

Terremata en Las Cruces

Sinlogismo crucino

Por Eduardo Labarca


            Las hojitas A4 pegadas en la Muni, el Malloco y en los postes entusiasmaban a cualquiera: habría fonda en el estadio frente a los Carabineros. Allá fuimos y después de cruzar la carretera en la esquina en curva y subida o bajada –según para el lado que se mire– más peligrosa de Chile llegamos mi perro Tronko y yo. La fiesta no arrancaba, volaban las órdenes, las carreras iban y venían, nada estaba listo pero de todos modos pedí por supuesto un terremoto: $ 2.500 según la pizarra.

Vaso cervecero de plástico, pajita y helado flotando: el aspecto de siempre… raro el sabor.  Muy diferente del que yo había degustado en la Piojera, pero vamos sorbiendo igual. Sorbo y sorbo, trago y trago y ahí comenzó todo. Las cejas se me pusieron rígidas, el pie derecho me ardía, el izquierdo era un trozo de hielo y extrañas descargas de 1.000 voltios circulaban dentro de mi cuerpo. Alcancé a preguntar: ¿Qué le echaron?

--Pipeño y ron…

Más ron que pipeño por los efectos que me iban invadiendo y que ahora se apoderaban de mis orejas.

--¡Anda a comprar granadina! –exclamaba el ejecutivo de la fonda a su hija y ahí recodé vagamente que la fórmula de la Piojera era eso: pipeño de 12 grados y granadina de cero. Pero aquí en Las Cruces llevaba ron de 40 y el resultado lo estaba viviendo.

Yo siempre salvo al Tronko de los colmillos enemigos pero esta vez él me salvó a mí. Pacientemente me condujo de vuelta. Nunca el camino desde el retén a mi casa había sido tan largo, nunca los baches de las veredas crucinas habían sido tan profundos y mis tropezones tan abruptos. Por fin distinguí algo que se parecía a mi casa y el Tronko me arrebató las llaves y con un esfuerzo sobreperruno consiguió abrir con el hocico. Y de ahí no recuerdo más…

¿Qué día, qué hora es? ¿Por qué cuelgan aquí y acá unas banderas tricolores que parecen cansadas de flamear? ¿En qué país estoy? ¿Qué había  en un vaso grande de plástico allá abajo del otro lado de la esquina más peligrosa del planeta? ¿Alguien quiere probarlo? Cuidado, que ese terremoto te remata.

12 de septiembre de 2013

La fiesta de Nicanor y la tragedia de Tronko


Sinlogismo crucino

Por Eduardo Labarca


Nicanor 99



Este jueves 5 de septiembre, las poetisas de Las Cruces leían poemas al aire y lanzaban al cielo los textos impresos. Los niños de las escuelas de la zona recogían las hojas y agitaban banderas dieciocheras en homenaje al cumpleañero. Unas monjitas sobaban sus rosarios. Las cámaras de TV y los teléfonos inteligentes apuntaban su ojos a la hermética puerta de la casa. Cantamos a cuatro voces "Cumpleaños feliz" y la nana, vocera del poeta, asomó fugazmente para decir que Nicanor estaba muy emocionado. A esa altura los vecinos, la agrupación cultural, las autoridades locales y los turistas llegados especialmente o atraídos por el bullicio se habían sumado al jolgorio: no todos los días un chileno ilustre cumple 99 años.

La espera se alargaba, había hambre, era tiempo de colación pero nadie se movía y las canciones y las cuecas de un grupo de huasos intensificaban sus decibeles. Finalmente... ¡por fin! La puerta se fue abriendo lenta, solemnemente y algo empezó a emerger del interior de la vivienda: un dedo, el puño de un chaleco de lana tejido a palillo, la extremidad superior de un cuerpo humano, el antebrazo, el codo. Los flash estallaban con la misma fuerza que las exclamaciones de la muchedumbre. Los perros ladraban de entusiasmo viendo que esos dedos empezaban a moverse, la muñeca se aflojaba y la mano se mecía en un saludo cariñoso.

Preparamos nuestros regalos --libros, sopaipillas, caracoles-- y el brazo asomó casi hasta el hombre, el poeta iba saliendo por presas, la mano volvía a saludar, los fans gritamos de alegría, la mano retrocedió, desapareció, la puerta estaba cerrada. En representación del poeta solo quedaba su cansado escarabajo Volkswagen.

Nos vemos el próximo año en el anticumpleaños número 100.


TRONKO FRENTE A LA JAURÍA  

Quienes se quejan de los perros vagos de Las Cruces pueden preguntarle a mi perro Tronko, el negrito de polainas blancas, que les contará la agresión que padeció de parte de una jauría de canes indocumentados e invacunados. Tronko llegó sangrando a contarme su tragedia, atrás vinieron los vecinos a decirme que seis perros despiadados le habían hecho una encerrona y propinado un concierto de mordiscones homicidas.

Yo dejaba salir al Tronko una vez al día para que disfrutara la anhelada libertad y buscara amistades y ojalá una novia, pero se topó con el enemigo. Ahora cojea, se lame las heridas y aunque yo le abra la puerta prefiere quedarse adentro.