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21 de noviembre de 2014

Salvador Allende que estás en los cielos… líbranos de tus “defensores”


Publicado por Radio Bío Bío
22 de octubre de 2014


El libro de Eduardo Labarca ha generado polémica desde que saliera a la luz pública, por presentar aspectos desconocidos de la vida del Salvador Allende. Muchos de ellos eran desconocidos o sabidos sólo como rumores, adquiriendo peso al estar reunidos en un libro que presenta testimonios y antecedentes relatados por un testigo privilegiado.

A partir de una entrevista realizada por Tomás Mosciatti a Eduardo Labarca, comenzó a circular en redes sociales una declaración de Leonardo Fonseca Pedraza, Margarita Fonseca Pedraza y Eugenia Fonseca Pedraza contra el autor de la Biografía.


A continuación publicamos íntegramente la carta de los hermanos Fonseca Pedraza y la respuesta de Eduardo Labarca.

Declaración de los hermanos Fonseca Pedraza

El sábado 20 de septiembre se trasmitió en la cadena norteamericana CNN Chile, por parte de su funcionario  Sr Mociatti, una entrevista al Sr Eduardo Labarca, con motivo de su segundo libro sobre la vida de Salvador Allende. El Sr. Labarca  hace referencia a nuestra madre, Elena Pedraza, fallecida hace cinco años, señalando que ella le  habría relatado hechos privados acaecidos  hace más de 70 años y que ha utilizado para poner en el conocimiento público, afectando la memoria de Salvador Allende y su esposa, especialmente a los 41 años de su muerte en la Moneda.
Al respecto nosotros los hijos de Elena Pedraza debemos señalar:

1. Recientemente hemos tenido conocimiento de tal “entrevista” que se efectuó poco antes que ella falleciera a la edad de 98 años. Es decir, fue una conversación con una persona en condición casi terminal de su vida.

2. Lo que relató el Sr. Labarca, que habría dicho Elena Pedraza, nos parece absolutamente contrario a lo muy poco que ella tangencialmente nos habló sobre los acontecimientos cuando estaba menos afectada por los años. Señaló que Allende fue muy hombre y lucho fuertemente por recuperar al hijo de Tencha, el cual estaba bajo la custodia del padre biológico y su esposa, también personas magníficas.

3. Nos parece que el Sr. Labarca busca afanosamente publicidad en el mes de septiembre cuando conmemoramos la muerte heroica del Presidente. La derecha, por cierto, ha estado feliz con su aporte destinado denigrarlo en sus medios de comunicación.

4. El aprovechamiento personal de una conversación informal con nuestra madre, la cual a estas alturas no se puede defender, muestra la catadura moral del Sr Labarca.

5. El Sr Labarca, en la búsqueda de publicidad internacional, se permitió fotografiarse orinando sobre la tumba del gran escritor argentino José Luis Borges, enterrado en Suiza. Es lo mismo que cualquier pelafustán viniera a orinarse en la tumba de Pablo Neruda para lograr la publicidad que sus escritos no logran.

Leonardo Fonseca Pedraza, Margarita Fonseca Pedraza, Eugenia Fonseca Pedraza

RESPUESTA DE EDUARDO LABARCA

Salvador Allende que estás en los cielos…
líbranos de tus “defensores”


(respuesta a los hermanos Fonseca-Pedraza)

Por Eduardo Labarca

Autor del libro “Salvador Allende: Biografía sentimental”

Desde que apareció mi biografía de Salvador Allende hace 7 años y al publicarse recientemente la versión ampliada y definitiva, he recibido innumerables reacciones positivas así como algunas opiniones polémicas que respeto y valoro. Me complace que mi libro se haya convertido en referencia ineludible para los investigadores y creadores que abordan la vida de Salvador Allende en Chile y el mundo.

Mención aparte merecen algunos ataques furibundos que he recibido en la Internet y que no suelo contestar. Sin embargo, hoy me veo obligado a referirme a una insólita declaración de los hermanos Leonardo, Margarita y Eugenia Fonseca Pedraza, quienes no solo reiteran los ataques de anteriores detractores, sino que llegan al extremo de presentar una imagen desmedrada de su propia madre, Elena Pedraza, con tal de restar validez a mi libro, a lo que me referiré más adelante.

Los rasgos comunes de los ataques destemplados en mi contra, que también sobresalen en la declaración de los hermanos Fonseca-Pedraza, pueden resumirse así:

1) Mis detractores no han leído mi libro y me atacan ad hominem, es decir, como persona, adjudicándome toda clase de actos repudiables y lanzando en mi contra una batería de improperios con apoyo de informaciones de prensa o comentarios de oídas. En esa línea, los hermanos Fonseca-Pedraza se basan en una entrevista que me hizo el periodista Tomás Mosciatti para Radio Bío Bío y CNN Chile. Nadie que haya leído mi libro se ha sumado a ese coro de ataques.

2) Mis detractores afirman que con mi libro persigo fines de enriquecimiento, en circunstancias que quienes me conocen saben que no tengo ambiciones de dinero ni de riquezas materiales.

3) Me acusan de buscar publicidad. Los hermanos Fonseca-Pedraza dicen que lo hago “afanosamente”. En realidad cultivo un perfil bajo y mi presencia pasajera en los medios se ha centrado en mi libro como sucede con cualquier autor.

4) Pretenden que mi libro es parte de una conspiración contra la memoria de Allende. Los hermanos Fonseca-Pedraza sostienen que he elegido deliberadamente “el mes de septiembre cuando conmemoramos la muerte heroica del Presidente” para “denigrarlo” y así hacerle el juego a la derecha. Mi libro solo le hace juego a la verdad y a la figura sobresaliente de Salvador Allende. Además, se ha vendido todos los meses del año y el original de la actual edición está fechado en el pasado mes de marzo.

5) Atribuyen carácter internacional a esa supuesta conspiración, para lo cual los hermanos Fonseca-Pedraza sostienen que la entrevista “se trasmitió en la cadena norteamericana CNN Chile, por parte de su funcionario Sr Mosciatti”. Estoy informado de que entre Radio Bío Bío y CNN Chile existe un convenio de colaboración periodística, en cuya virtud ambos medios mantienen sus líneas editoriales y sin vinculación económica. En ese marco Tomás Mosciatti realizó la entrevista, por lo que no es “funcionario de CNN”.

6) Me culpan de desprestigiar a Salvador Allende. Según los hermanos Fonseca-Pedraza, “denigro” al ex Presidente porque presento por primera vez al personaje más importante de la historia de Chile del siglo XX desde su nacimiento hasta su muerte trágica sin censura ni omisiones y con el enfoque abarcador –humano, político, afectivo– que caracteriza las grandes biografías desde los tiempos de Plutarco y sus Vidas paralelas sobre las figuras prominentes de Grecia y de Roma. Sólo así se puede comprender una época histórica y el papel desempeñado por sus protagonistas.

7) Me acusan de enlodar a Salvador Allende por abordar en su biografía no solo la singular relación que tenía con su esposa Hortensia Bussi sino también las relaciones que mantuvo paralelamente con destacadas mujeres de su tiempo. Los hermanos Fonseca-Pedraza, fieles a una moralina conservadora y visceralmente pechoña, quieren ocultar a toda costa, cuatro décadas después de su muerte, hechos que en vida de Allende eran ampliamente conocidos y que él mismo se complacía en exhibir.

8) Mi revelación de que Hortensia Bussi fue madre soltera como fruto de una relación anterior a su matrimonio con Allende y que entregó el hijo a su padre biológico y a la esposa de éste me ha hecho acreedor a ataques furibundos de un puñado de personas. La relación pasional de Hortensia Bussi, joven estudiante ilusionada, con un hombre casado constituye uno de los episodios más estremecedores de la vida de la futura primera dama debido a que los prejuicios de la época, el alejamiento de aquel padre y la negativa de Allende a aceptarla con su hijo la empujaron a entregarlo para siempre. La conducta de muchacha liberada y valiente de la joven Tencha en 1938 constituye para los hermanos Fonseca-Pedraza un pecado vergonzoso que es preciso seguir ocultando en el siglo XXI y consideran condenable que yo lo haya puesto “en conocimiento público”, pese a que se trata de hechos acaecidos hace más de 70 años relativos a personas que ya forman parte de la historia.

El autor y Elena Pedraza en junio de 2004
Fotógrafo: Leonardo Fonseca Pedraza


El testimonio de Elena Pedraza


Lo más chocante de la declaración de los hermanos Fonseca-Pedraza es su afán de desvirtuar las delaraciones que me formuló su madre, Elena Pedraza, único testigo entonces sobreviviente del momento en que Tencha hizo entrega de su hijo, para lo cual no vacilan en pretender que se hallaba en estado senil cuando habló conmigo, pues, dicen, la entrevista “se efectuó poco antes que ella falleciera a la edad de 98 años”. Añaden que “fue una conversación con una persona en condición casi terminal de su vida”.

En realidad tuve con Elena Pedraza, por quien yo sentía gran respeto y afecto, dos conversaciones de un par de horas cada una los días 18 y 20 de junio de 2004, cuatro años antes de su muerte, en las que tomé notas rigurosas que conservo hasta hoy. Fueron encuentros emocionantes, por momentos a ambos se nos apretaba la garganta. A diferencia de lo que en forma indigna pretenden sus hijos con el fin de falsear sus declaraciones, ella se hallaba en un estado físico y con una memoria y lucidez envidiables para su edad. Le dije que preparaba un libro, confió en mí y he sido respetuoso hacia ella y fiel a lo que hablamos. En esas conversaciones percibí que a la edad avanzada en que se encontraba quería desahogarse relatándome con todo detalle el episodio en que había intervenido más de 65 años antes. Respecto de Hortensia Bussi y los demás participantes en el drama solo tuvo palabras de encomio y comprensión.

Con el fin de disimular el aspecto pecaminoso de hechos que solo tienen ese carácter dentro de sus mentes retrógradas y para salvar según ese criterio el prestigio de Salvador Allende, los hermanos Fonseca-Pedraza se atreven a atribuir a su madre palabras que no puede haberles dicho porque se apartan de la realidad y de lo que me contó a mí. Sostienen que “cuando estaba menos afectada por los años” ella les habría dicho “tangencialmente” que “Allende fue muy hombre y luchó fuertemente por recuperar al hijo de Tencha el cual estaba bajo la custodia del padre biológico y su esposa, también personas magníficas”.

Sobre la base de diversos testimonios directos y no “tangenciales” que cito explícitamente, entre ellos el de la propia Elena Pedraza, en mi libro revelo que en cierto momento el padre biológico quiso arrebatar la tuición del hijo común a Tencha y que ella se defendió exitosamente en los tribunales, a pesar de lo cual posteriormente lo entregó. Allende jamás luchó por recuperar ese hijo; por el contrario, rechazó de forma “intransigente”, según decía Tencha y recuerdan los testigos de esa época, la incorporación de la criatura a la familia que formó con ella, lo que no quiere decir que no fuera “muy hombre”.

La filiación definitiva del hijo tuvo carácter irregular, ya que habiendo sido inscrito inicialmente como “hijo ilegítimo” de Hortensia Bussi según la legislación de entonces, con posterioridad fue inscrito por segunda vez en otro lugar de Chile como “hijo legítimo” del padre biológico y de su esposa, todo lo cual consta en los documentos del Registro Civil que tengo en mi poder y que mantengo en reserva por haberlo convenido así con el principal afectado, el hijo de Hortensia Bussi.

En cuanto a una referencia que los hermanos Fonseca-Pedraza hacen a la fotografía de la portada de uno de mis libros, todos los antecedentes del caso pueden consultarse en mi página web.

       
       

8 de septiembre de 2014

Carta/manifiesto a mi tío Chicho



Carta/manifiesto a mi tío Chicho, compañero Presidente Salvador Allende, en el aniversario de su nacimiento en Santiago

Por Eduardo Labarca *

Publicado en The Clinic, 8 de julio de 2014



Querido tío, doctor, compañero Presidente:


Te trataré de “tú” como a los dioses y a los viejos amigos… He venido hoy a la Avenida España a homenajearte frente a este edificio donde se hallaba la casa del número 615 en que doña Laura, tu madre, te dio a luz un 26 de junio hace 106 años. ¿O querías que te comprara la fábula de que naciste en Valparaíso? Además de ti, tu esposa Hortensia y Laurita, tu hermana diputada, juraban haber nacido en el puerto, aunque la Tencha nació en Rancagua y Laura, en Tacna, tierra peruana. ¡Cómica valparaisitis familiar! Yo soy el único que te canta in situ el Happy Birthday.

De regalo te traigo tu biografía que te escribí. Y te cuento que al escarbar en mis recuerdos y en archivos polvorientos, y al visitar tus locaciones secretas, como tu garçonnière del pasaje Bueras, he descubierto dos Chichos: a) el Allende del mito que empezaste a construirte pidiendo que te pellizcaran –“toca, carne para la historia”– y que han seguido construyendo los adoradores del Allende de mármol, de bronce, el que se codea con la Marilyn Monroe en el museo de cera, el Allende empaquetado de la foto oficial; b) el Salvador Allende de carne, hueso y sangre, el Chicho perseverante, capaz de inventarse un nacimiento, llegar a la cumbre y convocar a la muerte –“infarto ven, infarto ven”– cuando tu gobierno se iba a las pailas, el Allende lacho a toda vela, el Allende cara de bulldog del banderín “a luca”, mi tío, el compañero Presidente, tú, el verdadero: el otro es faramalla.

Los/las lectores/as de mi libro han quedado patitiesas/os con mi revelación de que Hortensia Bussi, la compañera Tencha, tu esposa, había tenido un hijo “ilegítimo” –“huacho” le dicen– con un hombre casado. “¡Tencha madre soltera!”: evocación de un drama y un gran dolor. ¿Había que guardarse ese secreto con candado, blindar a un finado Allende de cartón piedra frente al “qué dirán” por los siglos de los siglos? ¿Mantener el hecho bajo la alfombra para salvar el “prestigio” de la difunta señora Tencha, como si ser madre sin sacramento fuese un pecado y no un acto de valentía y libertad?

El caso tiene bemoles desafinados. La joven Hortensia entregó su hijo al padre legítimo y a su esposa y… no lo vio más. ¿Qué había pasado? “Salvador es intransigente”, decía a las amigas llorando. Entre su destino de madre y su destino junto a ti, Tencha tomó la más desgarradora, dura de las decisiones: te eligió a ti. El que no queda bien en esto es usted, compadre Chicho Allende. Puedes decir que eran los valores de la época, que podía dañar tu carrera, pero que yo sepa los hombres reciben a una mujer con los hijos que trae. Tras tu muerte, Tencha tendrá el gran desquite: al cabo de 34 años contigo, vivirá 36 –te sacó dos de ventaja– recorriendo el mundo como viuda, reina doliente dedicada a divulgar tu mensaje con sus ojos luminosos color ámbar, por fin dueña exclusiva de ti.

Chicho, en vez de validar las “virtudes” que te cuelgan algunos biógrafos autorizados, como que eras brillante alumno en el colegio, yo demuestro que eras porro rematado –“farreado” dice mi nieto– y pasabas de curso cafichándoles los conocimientos a los mateos de la clase, hasta que un día decidiste hacer el servicio militar y tomar el control de tu vida. El Allende al que le saco el sombrero es ese, eres tú, el joven Salvador que ante la pobreza, la miseria, la mortalidad infantil de los cerros de Valparaíso, decidiste dedicar tu vida a la justicia social y a la unidad del “pueblo de Chile” –sí, “del pueblo”, no “de las personas” como decimos los siúticos de hoy– hasta iniciar la primera revolución pacífica en Chile y en el mundo. A ese Chicho yo le sumo el hombre que, en contraste con su/tu propia negativa a aceptar al hijo de la Tencha, eras un padre para las hijas de la actriz Inés Moreno, tu bellísima amante, que habían perdido al suyo; a ti, que fuiste un segundo padre de los hijos de la Payita, tu secretaria-más-que-secretaria; al que se emocionó en Bogotá al conocer al hijo, la hija y el perro de Eugenia Valencia, la mujer más hermosa de Popayán, con la que habías recorrido cierto trecho; a ti, que no mentías demasiado a esas y a las otras bellas que te entregaron mucho y a las que mucho les entregabas; al que se acordó de todas cuando a cada una le diste un trabajo al llegar a La Moneda…

Te rindo homenaje a ti, que al saberte condenado a muerte, buscabas consuelo en el pecho amante de Gloria Gaitán, la colombiana olvidada, negada por los chilenos, que perdió el hijo tuyo que esperaba y cuyas hijas te recuerdan hasta hoy emocionadas.

A quienes sin haber leído mi libro me trollean porque no asumo como verdades los mitos acuñados acerca de ti, les respondo. Aunque pertenezco a la generación siguiente, fui testigo cercano de tus actos públicos y privados, y en este siglo XXI escribo para las nuevas generaciones de hoy y de mañana y, modestamente, para la Historia. Para entender mejor lo que nos pasó, necesitamos escudriñar la parte que a cada cual nos correspondió en la tragedia, empezando por ti, nuestro número uno. La famosa “muñeca” con que manejabas la política y el equilibrio entre la “catedral” –tu legítima esposa‒ y tus “capillitas” –las otras– te falló como gobernante, y para entenderlo hemos de desconstruirte. ¡No me pidas que a 40 años de tu muerte tape tus secretillos o me base sólo en las declaraciones de la fundación-boutique que lleva tu nombre! La vida de los grandes de la Historia, esa tumbadora de mitos, no tiene secretos.

Cuando ya habías entrado en la Historia como presidente y vino el desastre, marchaste convertido en loser al encuentro de tu holocausto, y con tu muerte a las dos de la tarde en La Moneda pasaste a ser el winner post mortem de la Historia Universal. Cadáver triunfante, te elevaste a la gloria mientras nosotros nos hundíamos en la mierda absoluta. Yo la saqué barata, pero hablo por tantos amigos que pasaron de las grandes alamedas a los socavones donde cumplían su cobarde faena los soldados de la patria.

Déjame bajarte hoy del pedestal, ven con nosotros, como uno de nosotros: sólo así serás grande de verdad, Chicho Allende. Tú, sin nadie que photoshopee tu imagen, hombre entre los hombres y entre las mujeres. Porque no hay soledad más grande que la del mármol y los mausoleos. Ven, avancemos por tu/nuestro valle de lágrimas. Tú sin nacimiento trucho, aquí, en avenida España, a dos cuadras del Museo Salvador Allende, aquí donde todo comenzó… Y aunque no haya venido nadie más, celebremos tú y yo, con la sinfonía de las micros que pasan, este aniversario. ¡Feliz cumpleaños, Chicho, nuestro presidente de luces y de sombras!

En Avenida España,
26 de junio de 2014.


*Periodista y escritor. Autor de Salvador Allende: Biografía sentimental (Catalonia, reedición ampliada en 2014).