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28 de junio de 2014

Lo inesperado se llama Las Cruces



Sinlogismo crucino

Por Eduardo Labarca



Cuando salió de Chile con la mochila a la espalda, Guillermo Bown no imaginó que un día se encontraría con Seguridad Ciudadana y los Bomberos de Las Cruces.

En los libros de poemas que publicaba en Europa hablaba de infiernos y paraísos, pero  nunca mencionó una aventura como la que vivió este domingo  ‒¿dónde?‒  ¡en Las Cruces!

Cuado cambió la mochila por el maletín diplomático tuvo que conducir –a veces por la derecha y otras por la izquierda–  por las suaves autopistas del desarrollo y las calles de Chile pasaron al olvido.

El día en que organizó la triste repatriación diplomática de los restos de nuestro Claudio Arrau el Grande, Guillermo se decidió a seguirlo y regresó al paraíso chileno, vale decir a Las Cruces.

Heráclito decía que solo se puede esperar  lo inesperado y lo inesperado le llegó a Guillermo el domingo cuando se internó en su vehículo por una vía de Las Cruces conocida por múltiples nombres: Avenida Argentina (viva la hermandad continental); Avenida Blanca Arce (dicen que era la cuidadora del lugar); A la Vuelta de la Posta (a la izquierda por supuesto); De Nicanor Parra para el Otro Lado (donde no pasó la motoniveladora el día de Farkas); La Calle de las Monjas de la Iglesia de Piedra (noble iglesia que las monjitas ‒¡pobre patrimonio religioso!‒ están tapando con unas cabañas de plástico); La Calle de las Monjas de la Capilla Blanca (sin tapar, por suerte); La Calle de la Escalera Chica (oscura de noche y con peldaños sueltos); La Calle del Palacio Labbé (noble y grandioso); La Calle donde Vivió el Pintor Juan Francisco Gonzalez (salvada de incendios y terremotos)...

Allí mismo, el auto coreano de Guillermo Bown dio un tumbo apocalíptico y se quedó cojo. ¿Qué había sucedido? Simple, grave: una rueda trasera se hundió en un hoyo encapuchado que lleva ¡5 años cabales! sin que la Muni reponga la rejilla protectora que alguien decidió llevarse.

Por suerte existen Seguridad Ciuidadana de El Tabo y  los Bomberos de Las Cruces. A pesar de ser domingo a las 20 horas, tiempo de reposo y aperitivo, los abnegados socorristas ‒varios varones y una voluntaria uniformada‒ tardaron cinco minutos en llegar a bordo de su bomba dinosáurica. Con su conductor adentro, el auto fue sacado a tirones del aprieto. Tranquilos: el vehículo y el chofer se encuentran bie.

Las Cruces tiene calles subdesarrolladas, pero bomberos y segurosos del primer mundo.